La promotora SOLPRIGA pretende llevar a cabo una promoción inmobiliaria de 55 viviendas, con un gran terciario en planta baja y tres plantas bajo rasante destinadas a aparcamientos.

Con la propuesta se busca establecer una volumetría edificatoria que responda a la singularidad del enclave, teniendo en cuenta condicionantes urbanos tales como percepción y fugas visuales desde el espacio público, estado de medianerías, alturas y líneas de cornisa existentes, así como condicionantes de carácter histórico. Para ello ha sido necesario un detallado análisis del entorno que se ha traducido en la necesidad de modificar el planeamiento vigente (PEPRI), en busca de una mejor cualificación de la escena urbana así como una apropiada adaptación de la nueva edificación con la ciudad consolidada, tanto desde el punto de vista de la actual morfología urbana como desde sus interesantes connotaciones históricas.

La masa edificatoria se esponja con un lenguaje contemporáneo, generando vacíos que provocan nuevos registros visuales en la ciudad capaces de elaborar un ámbito de transición entre lo público y lo privado; Ocultando al espacio público la presencia de indeseadas medianeras; Garantizando la continuidad de líneas de fachada, retranqueos y cornisas de edificios colindantes.

Se plantea la construcción de una planta baja que agota el 100% de la superficie del solar, a modo de basamento que recibe dos bloques separados por un espacio libre central de llegada, ajardinado, con una clara proyección visual sobre y desde el espacio público. Es necesario para ello un traspaso de “edificabilidad agotando suelo”, a “edificabilidad en altura”, apareciendo una pieza a modo de “puente” que vincula ambos bloques por su parte superior, maclándose con ellos, coronando la edificación, al tiempo que reduciendo el brusco salto de altura con el edificio colindante por la Plaza del Deán Mazas.

Además la volumetría plantea una progresiva reducción del número de plantas según una línea transversal que avanzaría desde dicha Plaza, resolviendo la transición con el caserío existente, de mucha menor altura y más cercano a la morfología característica del PEPRI, que encontramos a partir de la calle Berberiscos.

Con todas esas premisas se completa la integración de la nueva edificación en la actual trama de la ciudad, ofreciendo solución a los numerosos problemas detectados por discontinuidades en líneas de cornisa, por notables saltos en altura de los edificios y por lienzos medianeros visibles, aspectos estos que se han traducido en un espacio urbano caracterizado por desafortunadas perspectivas visuales.

Pero además se consigue recuperar el carácter histórico del solar, donde siempre había existido un edificio singular de gran tamaño y, desde el siglo XVIII, con uso residencial colectivo.

SE CONSOLIDA POR TANTO UNA IMAGEN CONTEMPORÁNEA A LA VEZ QUE RESPETUOSA CON LA HISTORIA Y EL ESPACIO URBANO, EN UN SOLAR QUE PODRÍAMOS CONSIDERAR COMO FRONTERIZO ENTRE LA CIUDAD MODERNA Y EL CASCO ANTIGUO.

 

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